Solos de conciencia (1985)

Solos de conciencia


Solos de conciencia

Editorial Biblos, 1985.

Cubierta: Carlos Masoch




Si estas líneas contuvieran algo,

algo al menos del fervor de tu voz,

del brillo inolvidable de tus ojos,

seríamos bien distintos: yo,

un artífice o mago,

ellas, la perfección

pudorosa de un retrato.


Pero no hay nada. Como palabras

absolutamente vacías,

todo reitera una música ausente.





Más allá del amor no hay nada, sólo

penumbra de fugacidad, disperso

tiempo que se diluye en tiempo, nadie

sino miseria de nosotros mismos.


Más allá del amor ya todo, formas:

lenta memoria apenas de unos cuerpos,

una fantástica melancolía,

formas de todo lo que fue y ha sido


amante.




DEL SEDUCTOR

I


No exento de retórica,

balbucea

su admiración por cualquier cosa,

en general, la curva femenina.


De oficio admirable, más que palabras

gobierna

sólo un bigote

extraordinariamente persuasivo.


Indescriptible triunfador moderno,

sudoroso señor

de las aglomeraciones.



II


Con un ojo seduce, con el otro

insinúa. Y al parecer,

todas vez que su mano baja

es inevitable que llegue al cielo.



ARS TACAÑIS



Amontonar riquezas hasta el techo

no es oficio lacerado ni indigno:

casi gimnasia, casi placer o casi

es mi cuerpo aguzado

mientras afino el oído.


Ya tintineo raro o soledad

sonora, qué voluptuosamente grato

cada crujir fragante de lo nuevo.

Y lo aseguro,

que una vez aplacado este temblor

de los dedos,

plenitud dorada, para siempre

soy dueño de absolutas pertenencias.



DEL ENVIDIOSO



Virtuoso, por inextricables

vericuetos

me acerco, me deslizo,

cambio de cara.


Es evidente mi magia, simpática

mi metamorfosis.


Pero no creas, lector,

que la perfección fue tan fácil:

desde aquí dentro

mi núcleo siempre idéntico

como un puño de odio

se contrae, exalta,

tritura.


Así en el arte:

¡a ver quién puede

devorar con los otros

el corazón de uno mismo!



DEL SUBIDO PLOMERO



Con un golpe sombrío

de la pico de loro

dividiste

las aguas.


¡Maldito!

Y ahora fundo mi casa

sobre filtraciones.





La belleza es un cadáver perfumado.


Dentro de su delicia se devora

el hombre, acumula miseria

hasta la saciedad.


Por la hermosura has vendido tu vida:

nadie querrá devolverte.


Han repartido entre miles tus huesos,

y no te sostiene

más que un ojo

ciego.


La belleza no te justifica.





Tu dolor es sagrado.


En tu dolor está el conocimiento,

sabiduría que encarna al hombre.


Camino que no tiene fin,

él es el inescrutable; y ceguera

pretender evitarlo, no reconocerlo

en los pliegues de tu cara.


Empezar a ser hombre,

la conciencia del límite, la conciencia

del límite, la conciencia del límite,

la conciencia del límite,

la conciencia...