La forma humana (1999)

La forma humana


La forma humana

Ediciones del Dock, 1999.



Reseñas

"La forma humana de Javier Adúriz", por Ricardo H. Herrera. En Hablar de poesía, n°22.




Ante la ley



Los extremos de mi barba ya se enredan

con las uñas que sangran por el dorso.

En cada mano puedo plantar un ombú

aunque la condición se compromete

desde que todo lo presente pica

igual que un piojo.


Por qué no sabré ver ahora

la luz en la pared de la caverna

y sólo este bastidor sucede

haciendo sobras

de sombra,

remedos de un remedo

ataviados

como una mercancía.


El vacío se borda y desteje

inhumano. Ahí detrás

alguien consume

con usura

una enormidad de nada.


Debo darme bríos:

no sé que hago aquí,

no sé qué espero.




Puerta



Ahí estás cerrada igual que un párpado,

como si detrás no hubiera

un evaporado país, tronar del corno

de la fantasía:

llanura,

mueca o sonrisa

para cada ahogado acontecer.


Raja,

con esplendor vibrando

en el hábito de lo efímero,

cada línea, cada línea

como el dolor

pidiendo aire, corriendo el cerrojo

de una indestructible

eternidad

desmantelada.




Epigonía



Dios, siempre ávido de confirmaciones, invitó a los interesados para zanjar definitivamente la cuestión de la más elevada de las artes. Todos concurrieron con barba, incluso las mujeres. Había allí un poeta que se confesaba como Lawrence cultor del arte por mi bien, lo cual en su caso estribaba en borronear lindezas eufónicas y sandias, presentar libro tras libro con jerez y excitarse con lo abultado de su agenda. No pudo decir mucho, porque según dijo, la poesía es inefable. El músico quien reputaba a su dominio el más destilado de los humores creativos, aseguraba haber hecho corto mano corto fierro con el pasado, no sin encarnizarse en una discusión sobre la presunta identidad de una ópera prima o prima ópera, entre los compositores de ópera, por supuesto. El pintor/ora pregonó que la plástica es "entre nuestro instinto animal y la circunstancia de nuestra inteligencia, un espejo invertido..."


Tamaña cumbre quedó interrumpida por un insensible ronquido de Dios





Hay una huella en tu corazón

que no he recorrido.


Conozco con ardor los pliegues

de tu risa transformando la estancia.

Conozco con ardor el perfume

de tu cuerpo perforado de espíritu,

esa mirada oscura tuya,

convocándome.


Siempre, no obstante, resta

un secreto: el camino encantado

de tu pensamiento.





Llegaron los amigos.

Enrique en su lugar, Adela,

también Dora,

Celita y su marido.


Vamos abriendo las ventanas

del living. Y cada uno

empuña su copita.


Hay una conversación, un runruneo

que baja de los árboles

mientras un grillo entona compañero

frente a la trituración de la noche.


En un limbo, en el aire

hacemos un fervor, como los chicos.

Hasta la sombra se asoma en los rincones

porque la vida acelera y sonríe.


Un coro así, vibrante, sin mutismo

de cada cual emerge una agudeza,

la alegría.


Ser de nuestros amigos.


La desesperación no existe.





Hoy la muerte parece tan lejos,

un trueno turbio al final de la calle;

hoy siento el paso juvenil

y de radiante claridad los ojos.


Este instante carece de remordimiento

como mi conciencia, ahora.

Adoquines, veredas, paraísos

me interpretan un sentido secreto.


Y a cada paso el pensamiento dura.

Sin pasado ni futuro vive

en mí, vibra


junto a tu prieta mansedumbre,

con esta forma humana

de la eternidad.





Metrópolis



Sin conciencia de clase

ajusto roscas, apuro manivelas

mientras con el taco atiendo

el fuelle

de contraoxidación.


No hay antes ni después.

Cursa de gris en gris

la ironía del tiempo

máquina

de boca muda.


Aún cuando ahora,

espejo de torva muchedumbre,

algo me augure

el pitido del alba, silbato

en las profundidades,

inminente desbole

de la inundación.



Pandereta



Tamborcito de carne, Tacuarí,

lugar tensado

con el tam-tam de batepalmas,

tierra sin música, bárbaro

chin-chin

compañero desierto de la vida.


Pandemierda, cultura, madre,

patria desesperada de un sentido,


tam-tam… dónde…chin-chin…

adónde…





Croto



Verdadero revolucionario

arrastrás basura

por la vereda de la repartición.


Qué diestro sos en armar

recovecos útiles

donde abrochar tu bragueta

con un piolín.


Maestro sucio

que sueña

con una sonrisa en la ruina,

con el puño por almohada,

la panza hinchada y los pies

perfectamente calzados

de realidad.


Si un extraño vacilante

abre el boquete,

sólo tu ojo

mira,

(oh artista

de las bolsas y la lona casual),

pupila fofa entre dos hemisferios,

algo muy tuyo imparcialmente


j

u

z

g

a.



Vámonos con Pancho Villa



Traquetea en el horizonte

el carro de la fortuna

Esto te tocó: una voz en la tierra

y la desilusión de la voz.


Ahora la balacera atiende

su descarado interés.

Hay un único dios aquí,

la multiplicación de la furia.


Perdedor el emisario

pone su canana en bandolera

y marcha

vaya a saber dónde,

si la caballada está en desbande.


Y bien, aún queda un siglo

para gastar este puro:

humo en el humo, al cabo

otra guapeza oscura.


Los bonetes del enemigo

detrás del río ya se dejan ver.

Un aullido confunde la torcaza

y cierra el culo de miedo.





Mirá, mirá

esa mariposa que va y viene.


Mirá qué asombro

cómo sobrevive a los ácidos.




La señalada



Nadie conoce el día ni la hora,

pueblo fantasmal y cagón,

pero ella vendrá

con su cueca de acero en el aire

revoleando silbos, ambigüedad

entre el plomo y la niebla.


Porque ellos vendrán

al compás de sus ponchos de cera,

tirofijos del tiempo

hasta clavar el sol

en alto mediodía.


Molinete honorable de furias,

rajadura en el parche del sueño

qué pronto

cuando te veas venir

luz de otra historia al fin,

radiación en la noche,

primavera.



Replicante



We talk about memories

Blade Runner


Cuántos saltos y saltos

sin poner una coma

subir por escaleras

mientras hubo ascensor


reconocer por fotos

desayunar con chinos

hasta encontrar un dios

aquí aunque no existe.


Y este llanto continuo

de lluvia torrencial

faltando poco o nada


tu recuerdo en el aire

con el duro zumbido

de los fuegos de Orc.



Aporía con relación



Aquiles gaucho corro la tortuga.

Desvirgo el día con sus pendejadas.

Los indios ríen, se oyen carcajadas

del horizonte antiguo que se arruga.


Después, gozo los años... aunque oruga

de pampa pronto vuelan y son nada.

Batir de plumas, empuñar la espada

no se despinta el blanco de mi fuga.


Y así la flecha sigo: una sableada

por Troya o el desierto, los amigos

que mueren sobre leche derramada...


¿Alguno es héroe para los malones?

¿Es suficiente la virtud del mito?

Nadie le pisa al tiempo los talones.



para Fernando Solari (h).




That’s all folks



Fumo de paz,

un poquito de buda

chupando mate…